Interrogatorio

Después de revisar las grabaciones de seguridad, decidí estirar las leyes lo más posible para que el Servicio Secreto tenga jurisdicción y asigné a una de mis agentes a trabajar en la investigación a la par de la Policía Federal. Luego, recibí a ambas investigadoras en mi oficina, Sylvia del Servicio secreto y Tyria de la Policía Federal.

-Deben comprender -dije al empezar- que cualquier cosa que digan o hagan en el Palacio de Platino debe ser estrictamente confidencial. Aquí se manejan asuntos de gobierno y de estrategia militar que no deben ser conocidos por los Franc. Tienen libertad para interrogar a quien quieran, mi prioridad es que se esclarezca este caso lo antes posible. Cualquier cosa que necesiten, háganmelo saber.
-Entendido, alteza -dijo la investigadora policial.

Acompañé a ambas agentes a una habitación que adaptamos especialmente para el interrogatorio. Yo me fui a la oficina de vigilancia, desde donde pude observar todo por las cámaras.

P: Me llamo Tyria Clisisz, y soy investigadora de la Policía Federal. Por favor diga su nombre para el registro.
R: Glisia Dvisisz.
P: En qué área se desempeña?
R: Administración del área de logística del gobierno federal.
P: Qué clase de relación tenía con Senia?
R: Éramos compañeras de trabajo en el área de logística. Ella manejaba planificación.
P: De acuerdo a las cámaras de seguridad, usted ha sido la última persona que vio con vida a Senia. Usted se la encontró en un pasillo a las 22.10 del día 11, y nuestros informes forenses indican que para las 22.40 ya estaba muerta. Puede explicarnos lo ocurrido?
R: Senia tenía otra de sus teorías conspirativas, ya había querido hablar con la Princesa antes, pero había acudido primero a nuestra jefa, la ministra. Ella examinó las supuestas pruebas y tranquilizó a Senia diciéndole que no había espías y que imaginaba cosas. Pero supuestamente faltaron estos documentos y Senia pensó que antes se habían burlado de ella y ahora hablaría con la Princesa directamente. Quise detenerla para que no pase vergüenza, pero no pude alcanzarla. Dio vuelta en un pasillo y la perdí de vista. Debió meterse en alguna sala o algo.
P: Eso no quiere decir que usted no haya sido responsable. Quizá esperó a salir de foco de la cámara.
R: No fui yo. A las 22.40 volví a mi escritorio. Eso seguro que está en una grabación.
P: Por qué dice que Senia pasaría vergüenza?
R: Ya se le llamó la atención sobre que no hable de espías sin tener evidencia.
P: Pero determinar la validez de sus dichos es tarea de su supervisora, no suya.
R: Quise ser amable y ahorrarle un mal momento.
P: De acuerdo. Si necesitamos algo de usted la volveremos a llamar.

Luego del interrogatorio las investigadoras y yo fuimos al pasillo donde Senia había sido vista según Glisia. Allí no había cámaras: habían sido removidas para mantenimiento. Las oficinas de ese sector no estaban siendo usadas. De hecho, hacía bastante, casi desde que nos hicimos cargo del Palacio, que estas oficinas estaban desocupadas. Están un sector que no quedaba cerca del Ministerio de Logística ni mi oficina y no habría razones para alguien para venir aquí. Miré a las investigadoras y asistieron en acuerdo: pensaban lo mismo que yo.

Sylvia empezó a mover picaportes hasta que una puerta se abrió. Las tres entramos.

La puerta daba a una oficina en cuyo fondo había un agujero en la pared. Ese agujero daba a un pasillo de mantenimiento, que no estoy segura que figure en los planos que obtuvimos de los Franc. Empezamos a recorrerlo y llegamos a las calderas. Ahora sí sé dónde estamos, les dije a las investigadoras. Sale a la entrada de mantenimiento de la calle de atrás del Palacio.

Allí, obvios signos de lucha: una mancha de sangre en el piso que parecía reciente y un cuchillo tirado al lado. Tyria sacó una bolsa y lo guardó. La puerta hacia la calle, una doble puerta con pasador, estaba forzada.

-No parece que la hayan matado aquí -dijo Tyria-. Además necesitaremos a la Policía Científica.
-Bien. Avísame cuando vengan.

Las dos investigadoras salieron por esa puerta y yo llamé a la guardia para que envíen personal. Luego volví a mi oficina. Me esperaba un mensaje impreso en un papel. Sorprendida, lo leí.

“Sé quién mató a Senia. No confíe en nadie.”

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